domingo, 4 de agosto de 2019

Crianza: Lactancia, destete y sostenibilidad

En la Semana Mundial de la Lactancia Materna os voy a hablar de mi experiencia personal.
No soy asesora de lactancia. No soy enfermera. No soy psicóloga ni pediatra, pero soy madre, mujer que cuando se quedó embarazada tuvo clara la necesidad de establecer una lactancia materna prolongada con su hijo, con sus hijos, hacer tándem si hacía falta y dar teta hasta que el niño lo dejara solo, sin forzar, sin prisas. Rogué en mi cesárea hacer un piel con piel, que me desataran las manos y tocar a mi bebé. Me dejaron, y seguro que ahora, solo seis años después, ya no lo ven como algo raro. Rogué que me lo pusieran a la teta, pero eso por suerte ya es una práctica habitual en todos los hospitales españoles y, antes de que pase la primera hora de vida del niño, te lo acercan para mamar. Ellos se enganchan al alimento, al olor reconocido, a ti, porque no conocen, ni quieren, todavía aprender nada más.



En total estuve cinco años dando teta. A Noam hasta los 13 meses, con destete voluntario por baja producción, estaba embarazada de su hermana. Con Úrsula hasta los 42, un destete por agitación, por agotamiento materno, por noches sin dormir y días pegados en la teta. Mi lactancia ha sido dura, pero preciosa, única, lo mejor que les he dado a mis hijos y a mí misma.

Empecé con unas grietas salvajes y dolor en cada toma, siempre por mala postura, por usar un cojín de lactancia que no era adecuado. Después mi mayor, con algún diente desde los cinco meses, me mordía y tenía tomas de verdadero pánico. Luego vinieron lágrimas, porque un día decidió dejar de mamar para siempre, porque el beneficio que le producía no compensaba el esfuerzo que debía hacer. Nació mi segunda y aunque nunca hubo grietas, si perlas de leche. Me las pinchaba en casa, como me enseñó la matrona en su consulta. Ella es una niña de alta demanda, así lo llaman. Ella de bebé era de llantos prolongados, malestares y brazos continuos. Todavía arrastra este inconformismo, se cansa antes, pide más. El porteo me salvó y las horas de teta fueron espaciándose poco a poco. Pero con tres años todavía mamaba a libre demanda. Yo ya no podía más. Mentalmente me mataba cada vez que se acercaba a pedir teta. Empecé a evitar sentarme para que no se subiera a mi falda porque no sabía, ni quería, decirle NO pero mi cuerpo y mente lo deseaba. Fue el verano pasado y lo recuerdo estresante. Al final, decidí y conseguí el destete diurno y solo tomaba por la noche. Hubo rabietas y enfados, lágrimas y malos ratos. A los pocos meses, después de que ella pasara un largo resfriado y, de no dormir durante unas noches, hice el destete nocturno. Mi persona, y la madre que quería ser, tranquila, dialogante, pacífica y comprensiva, lo necesitaba. Lo hablamos juntas, pero ella se negaba a entender y, al final fueron solo dos noches malas. La primera entre sus llantos y rabieta de incomprensión, la cogí en brazos, nos pusimos de pie, y jugamos un rato juntas. La segunda noche también lloró, pero fue diferente, ella ya comprendía, un abrazo fuerte fue suficiente. El final fue bonito, fue amistoso y feliz, y enviamos la leche a la primita que estaba a punto de nacer.
Hoy, ahora, hay días que ella besa mis tetas. Las echa de menos, lo sé. Yo estoy, siempre estaré, pero el vínculo de la leche templada es fuerte y deseado. Hay algún momento que la aúpo como un bebé y ella hace que mama. No me entristece, me apasiona este recuerdo vivo de nuestros momentos juntas no se borren y perduren.

La teta ha sido comida, chupete y amor para mis hijos. Han sido brazos, horas de conexión y de cohesión. Ha sido silencio. Ha sido frío porque he tetado muchísimo en el campo. Ha sido calor para ellos, por estar cerca de mí, por contacto. Ha sido lo mejor para su salud, para la mía, para el planeta. Dar teta es sostenible y, aprender a prescindir de la cantidad de objetos que te quieren vender cuando tienes un bebé, es todavía más sostenible. Compré dos chupetes, pero no se usaron ni un mes seguido. No he usado biberones, ya que hice de la teta al vaso. He evitado lo evitable, lo innecesario, porque cada vez soy más consciente que la infancia sostenible es posible, y de la sección bebés de cualquier super se puede huir corriendo.

Saludos saludables.




Os aconsejo seguir vuestro instinto, informaros con asesoras de lactancia, con vuestra matrona. Leed libros sobre los beneficios de la leche materna, de los beneficios para la madre y para el bebé. Os empodero para que no tengáis miedo, para que hagáis lo que hagáis será lo correcto, porque no hay mejor madre para un hijo que la suya, porque no hay mejores personas durante la infancia que nuestros padres, seres perfectos que cuidan, quieren y miman y, si esto se hace desde el amor incondicional da la fórmula mágica para crecer sano y estable psicológicamente...

Suerte en vuestra lactancia y crianza.

2 comentarios:

  1. Qué bonito Cristina! Recuerdo mi lactancia con mucho amor y con añoranza 💖🍒

    ResponderEliminar
  2. Gracias Laura, la lactancia siempre la recordamos bonita aunque es una etapa dura y agotadora. ��

    ResponderEliminar

Reflexiones de confinamiento V

Castellote, 4 de abril 2020 Veintidosavo día de confinamiento por Covid19 Pasividad  Me levanto por las mañanas y deambulo por mi ca...