miércoles, 3 de julio de 2019

Sostener el planeta: Boicot al plástico


Os enseño mi cesto y mi bolsa de pan.








 Os enseño mis bolsas de tela para comprar producto fresco.



 Os enseño la vida de pueblo, más sostenible, con negocios pequeños donde el control de lo fresco y la merma es mínima. Donde el surtido es justo y no hace falta tener veinte marcas de un producto idéntico. El boicot al plástico ha de visualizar el boicot al consumo desorbitado. Esta semana he comprado lo habitual, en su envoltorio habitual. El pan artesano en la panadería de Alicia, cocido en horno de leña; el queso de cabra u oveja de proximidad, de quesería pequeña y envasado en pieza entera en la bodega de Pili; algún indispensable del super de Jana; algo de fruta y verdura en el mercadillo del miércoles, con mis bolsas de tela, en la única parada que viene al pueblo, de dos chicos marroquís que deberé preguntar sus nombres. Consumir a pequeña escala; ajustar la compra a lo que se come y se gasta a diario; llenar la nevera de producto fresco, limpio, bien colocado en recipientes y que sea apetecible coger y disponer; ajustar la cantidad que se cocina para evitar sobras que acaban en la basura; deben ser las acciones básicas para frenar la rueda del envase, deben ser junto con otras acciones, conseguir el boicot al plástico y para empezar este mes de #JulioSinPlásticos. 


Mi boicot al plástico empezó de manera consciente hace 12 años, cuando me compré mi copa menstrual y mis compresas de tela. Una amiga me enseñó su moon cup y quedé maravillada con el invento y la idea. ¿Por qué no estaban en todos lados, visibles, a mano? Invité a mis hermanas al cambio y, recuerdo la revolución en el vestuario femenino del curro el día que les presenté aquel artilugio. Todas se quedaron alucinadas y se compraron unas cuantas. No sé si la satisfacción de ellas con el producto, ha sido igual a la mía, vivo mi menstruación desde entonces, más libre y sin tóxicos.

Esta es una copa menstrual para enseñar, la mía tiene ya otro aspecto...

Mi boicot al plástico continúa cuando nació mi primer hijo y, tuve clara la opción de los pañales y toallitas de tela. Usé gasas como absorventes, que todavía en casa son pañuelos gigantes para mocos. Luego seguí con mi hija, aunque ella usó pañal poco tiempo y, al año ya se sentaba como su hermano a hacer pipí. Uso discos de algodón orgánico para limpiarme la cara y, los lavo con pastilla sólida de jabón casero.
                                                                     



Mi boicot al plástico está en el cultivo de la tierra y, en hacernos conservas con los excedentes. Llevo años intercambiando ropa, si algo ya no nos gusta o queda pequeño se regala.
Y sobre todo, antes de comprar, gastar y/o consumir pienso si es realmente necesario o no, y aunque fallo algunas veces y el impulso a comprar gana, dejo muchas más en escaparates y estanterías.

No soy nada perfecta y, me gustaría llegar algún día a la autosuficiencia, pero el conjunto de mis acciones sostenibles más el cambio radical de vida, de la ciudad al pueblo, uno pequeñico de Teruel, es la contribución a la semana, mes, vida de boicot al plástico y al consumo insostenible de necesidades inventadas por la industria.

Espero que estas palabras os hayan inspirado a cambiar, qué y cómo comprar.
Sostener el planeta debe ser cosa de todos. 





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