miércoles, 12 de junio de 2019

Vida de pueblo: La Escuela Rural

Este curso escolar ha sido el primero en que mis dos pequeños han ido al colegio. Un cole diferente al que yo conocí. Mi escuela era concertada y religiosa en el área metropolitana de Barcelona, y la de ellos, pública y rural en un pueblico de Teruel. 

En su cole la maestra de infantil enseña a nueve niños. Comparten aula los de tres, cuatro, cinco y seis años. El colegio tiene 29 alumnos de edades comprendidas entre los tres y los doce años, los amigos son pocos y no llegamos a las veinte familias en total. En junio acaban cinco su educación primaria y, en septiembre solo entran dos. Perdemos. Como se pierde población en los pueblos agrícolas de España.

 
La puerta del Maestrazgo de Teruel, Castellote, un pueblo de azul cielo y color piedra




Mi escuela actualmente:  

http://www.fedac.cat/ripollet.php   

Me apetece escribir sobre escuela porque hace poco visité la que me vio crecer. El colegio donde pasé de mocosa a adolescente cumplió 125 años. 125 años abriendo las puertas a niñas y niños todos diferentes, con sus historias, vidas, con ganas de aprender o con ganas de desconectar de su mundo, de su casa. Me emocioné ese día. Me emocionó ver a maestras que se acordaron de mi nombre, reconocer a ex-alumnas y ver, a un grupo de mujeres de sesenta, hacerse fotos sentadas en las mesas, recordando pasados felices. Me emocioné al sentir lugares como propios, solo por que durante un tiempo viví momentos allí, cambiados pero en su sitio, como las clases de sexto, séptimo y octavo.

Actual aula de la ESO que ocupa la que era mi clase de séptimo de EGB






El día de mi visita recorrí el colegio de arriba a abajo. Abrí puertas y me sorprendí por los avances, como si el tiempo no pudiera haber pasado en mi escuela. El colegio ha dado un giro educativo a mejor. Han cambiado crucifijos por soles y, salas oscuras por luminosidad y creatividad. La escuela que me marcó, quiera o no quiera, se ha modernizado. Hacía casi 30 años que no volvía. Desde hace diez, no viven monjas. Ya no vive ninguna hermana de la Congregación de las Dominicas. Mujeres que al final del siglo XIX llegaron a la vila para cubrir la necesidad de enseñar a los niños y, transmitir valores cristianos. Mujeres risueñas y enfadadas que me hicieron odiar la manzanilla y las sociales y, amar a amigas y las mates. Y me alegro por acercarme el otro día a mi viejo cole. Mirar el patio con su fuente de siempre. Descubrir clases nuevas, donde antes vivían las religiosas. Tocar con los pies los pasillos, con sus mismas baldosas de color verde-amarillo, que tantas veces pisé con mis compañeras.

Compartí esos años con cuarenta mujeres. Hicimos grupitos, piñas y tuve mejores amigas que hubiera defendido hasta la "muerte".Y aunque el mundo moderno, las redes sociales, nos conectan, yo igualmente echo de menos. Echo de menos amistades puras, que cuando las sientes piensas que son para toda la vida y no, se pierden, se cambian, se modifican y se adaptan al paso de tu vida.


Fuente de mi antiguo colegio

La calidad de nuestro Centro Rural Asociado es innegable. Las instalaciones de la escuela van mejorando. Los profesores son un equipo humano de sonrisas y respeto y, dedican el tiempo que se merece a cada uno de los alumnos.

Estoy contenta, como madre, de llevar a mis hijos a una escuela de pueblo pequeño, donde la mezcla de bienestar y entorno natural dan una mejor infancia.
Mi pequeña sólo tiene una compañera de su edad, porque no hay más niñas de su quinta. Ellas pasan mucho tiempo juntas, y aunque la vida les brinde caminos muy diferentes, seguro que ese vínculo escolar único no se borrará fácilmente.

Estoy orgullosa de haber decidido un día cambiar la ciudad por el pueblo, por el campo. De poder ir #alcolegioapie sin cogernos de la mano, saltando contentos por calles silenciosas. Escogí que mis hijos crecieran entre tierra y aire puro. Una manera de sostener el planeta con acciones directas y que cambian hábitos y costumbres. Nuestra escuela rural prefiere los proyectos educativos a los libros de texto y, está cambiando sillas duras por cojines y puffs. Nuestra escuela, por ser rural, no merma en calidad. Los educadores que trabajan, tienen cualidades mágicas para gestionar niños de diferentes edades en la misma clase.

Amigas del alma
 Los mayores se preocupan de los pequeños y, los pequeños se apoyan en los mayores, donde una de las actividades más celebradas es que los de las clase del piso de arriba, lean cuentos a los chicos de la clase de abajo. En una escuela de pueblo todo fluye mejor pero a la vez, todo está en la cuerda floja. El futuro, sino se repuebla, es de zona sin centro de enseñanza primaria. 
En Aragón se mantienen las escuelas abiertas si hay tres alumnos. Confío en que mis hijos acaben su primera etapa escolar en el pueblo, en un colegio pequeño donde el día a día es cercano y humano y, que hace valer más la pena criar aquí, en esta España vaciada.
¿Te vienes a llenar estos pueblos?
Mis hijos y el pueblo






















Datos de Aragón, info del Heraldo: 

El 95% de las localidades de Aragón tiene menos de 5.000 habitantes y en ellas estudia el 17% del alumnado de la comunidad (unos 34.000 alumnos), según los datos presentados esta semana por el Observatorio de la Escuela Rural. (http://www.boa.aragon.es/cgi-bin/EBOA/BRSCGI?CMD=VEROBJ&MLKOB=1019945843535)

Opiniones de profesores de la escuela rural:

"La legislación no acompaña porque con la modificación del curriculum de hace unos años no se atiende la escuela rural. Es muy difícil programar para un aula tan diversa: hay que buscar otros recursos, porque el libro de texto no funciona, lo que lleva a trabajar por proyectos, por equipos, que, por otra parte, es lo que ya estaba demandando la sociedad. Por eso, la escuela rural es tan innovadora. Eso es lo que tenemos que poner en valor, sobre todo, para las familias; que valoren que la educación que se da en la escuela rural es de más calidad o, como mínimo, igual que en una ciudad."
Juan Antonio Rodríguez, maestro rural del Colegio Ramón y Cajal de Alpartir.



 






2 comentarios:

  1. La enseñanza, como tal y como institución nos marca. Es un periodo largo de nuestra vida en el que pasamos muchas horas al día

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    1. Laura allí viví mis mejores y más frustrantes momentos...

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